Rabadán23 de abril de 2018

El amor de Dios es un abrazo que nada excluye…

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  Dios nos hizo eternos, por lo que después de esta vida gozaremos para siempre con Él. Esto nos lo recuerda Jesús diciéndonos que nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Por lo que, cuando Él exhala su espíritu en la cruz entregando su vida, nunca llega a irse de entre nosotros. Al revés, se libera de todos los límites y ataduras y su presencia se difunde en cada rincón del mundo, junto a nosotros. Es más, sigue ayudándonos día a día, y todo lo que hace es un acto de amor hacia la humanidad. Así quiere recordarnos su mensaje y el cariño que Dios tiene hacia todos.
  La resurrección fue lo que inició el cristianismo, ya que mostró que hay vida tras la muerte, pues el amor de Dios es un abrazo que nada excluye. Aunque lo estés pasando mal, como Jesús cuando era castigado y crucificado, Él seguirá a tu lado, antes, ahora y siempre, sin importar quién seas. Permanecerá firme junto a tí. Y esto es lo más bonito del Cristianismo: saber que siempre habrá alguien a tu lado, que nunca te abandonará, ni aunque te vayas de esta vida. Porque dondequiera que Jesús anduvo, enseñó o sanó, lo cambió todo y se ganó los corazones de muchísimas personas. Ellas comprendieron que no había muerto cuando se les acercó resucitado y les entregó la buena noticia del Evangelio.
Raquél Hdez, 3ºESO 

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