La Semana Solidaria sigue demostrándonos que es capaz de cambiar la forma de ver el mundo para nuestros alumnos. Algunos de ellos han querido plasmar por escrito las sensaciones que han tenido durante la experiencia:

"A lo largo de los años varias han sido las ocasiones en las que profesores de todas las secciones nos han hablado de un concepto muy particular al que ellos llaman “la burbuja del Claret”. La burbuja es la realidad en la que diariamente vivimos los alumnos del colegio. En ella la pobreza, las guerras, el hambre, etc., se encuentran en lugares recónditos del planeta ajenos a nosotros. En estos días con la actividad “Semana Solidaria en Las Palmas” a los alumnos de 1º de Bachillerato nos toca salir de la burbuja. Este martes 23 de marzo a los alumnos de 1º de Bachillerato-B nos tocó la única actividad de la semana en la que nos quedábamos en la sección de Rabadán. El hecho de no salir a los lugares más necesitados, a nuestro parecer, nos desanimaba. Sin embargo, para nuestra sorpresa nos llevamos una gran lección. La jornada estaba programada como una gincana por la zona de Las Palmas; las diferentes pruebas tenían lugar en puntos muy diversos y distantes de la ciudad a los cuales debíamos llegar andando por equipos. Durante toda la mañana no comprendíamos el objetivo escondido tras esta actividad; no entendíamos la necesidad de caminar del colegio a lugares como el Teatro Pérez Galdós, la Fuente Luminosa o incluso la Residencia del Pino. No fue hasta que estuvimos de vuelta en clase que caímos en la cuenta. La importancia no radicaba en las pruebas sino en el camino, pues debimos conocer la realidad que albergan nuestras calles, y las pruebas no eran más que una excusa para pasar por ellas. Triana no era una calle repleta de personas gastando dinero en bienes superfluos, sino una calle llena de indigentes pidiendo limosna. Las personas aglomeradas en la calle León y Castillo no eran jubilados disfrutando de la mañana, sino inmigrantes haciendo cola en el Consulado del Reino de Marruecos buscando una nueva oportunidad en un país que les da la espalda. La Residencia del Pino no era un centro de reencuentro y acompañamiento de familiares, sino una residencia desierta con ancianos que temen a un virus. Todas estas realidades están presentes cada día tan solo a unos minutos andando de nuestro centro, y aun así hemos sido incapaces de verlas hasta ahora. Tras este día, ya son 32 alumnos más los que han salido de la burbuja, han crecido como personas, y han recibido una lección de vida. No has de irte muy lejos para ayudar a los más necesitados, pues el prójimo está a tan solo unos pasos de tu puerta."

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