Tantos años pensando en ir a Tanger, testimonios de otros alumnos, ilusión, ganas, miedo, nervios.. pero ya todo ha llegado a su fin.

Tánger parece muy lejano; otro país, otra cultura, otra religión, otro continente... Sin embargo, unos escasos 14 kilómetros separan a la ciudad de España. Pero es increíble como la realidad y la calidad de vida pueden cambiar tanto en tan poco tiempo espacio. Vivo ejemplo de esto es la frase que nos dijo una de las cuidadoras del hogar; “todos los niños aquí, sueñan con poder cruzar a España algún día”.

Nunca habríamos imaginado que esta experiencia es tal y como la hemos vivido estos días; hemos aprendido las costumbres de este país y ahora entendemos mejor como funciona Marruecos, nos hemos puesto en el lugar del los fuerte voluntarios que tienen que resistir a constantes altibajos, el cansancio... así como aprender las durísimas condiciones en las que tienen que vivir muchas personas.

En estos días, hemos aprendido a valorar lo que verdaderamente importa; el cariño, dejando lo material en un plano circunstancial. También, en esta semana hemos podido fijarnos en los pequeños detalles, que , aún siendo insignificantes, con amor, se hacen increíbles.

Por último, nos llevamos otra bonita enseñanza; apartar los prejuicios de nuestras vidas. Los prejuicios no sirven para nada, sino para evitarte conocer a personas maravillosas y vivir grandes experiencias.

En resumidas cuentas, durante esta semana hemos vivido una experiencia nueva, hemos compartido grandes momentos, hemos reído, llorado, hemos estado contentos y tristes y hemos aprendido muchísimo sobre otras realidades. ¿Todo esto nos cambiará como personas? No lo sabemos pero, sinceramente, todo el mundo debería vivir esta experiencia alguna vez en la vida, pues, aunque tratemos de expresar lo vivido en esta semana solidaria, estas palabras se quedan cortas.

(Carmen Bravo de Laguna y Joel Tomás)